Nunca Dejes de Crecer

Tuve hace poco la oportunidad de participar en una convención que reunía a varios líderes del Ecuador y Latinoamérica. Totalmente diferente  a lo que normalmente se espera de una reunión así, fue una sorpresa que la preocupación estuviera dirigida no hacia lo que haces, sino hacia quien eres.  Como parte del paquete, todos recibimos varios libros muy útiles, no solo para el ministerio, sino para la vida.

Habían pasado dos semanas de esto cuando caí en la cuenta de que no había abierto todavía ninguno de los libros que recibí. Ya Dios ponía “otra vez” esa frase en mi cabeza con la que he enseñado a muchos de los líderes a mi alrededor. NUNCA DEJES DE CRECER.

Hay muchas maneras de crecer y obviamente la Biblia es la fuente de la mayor sabiduría, de la cual mucha, no sabemos administrar ni entender en la dimensión correcta. De todas maneras Dios nos habla por medio de ella. La Biblia no es solo un instrumento; es la base, es la fuente.  De ella obtenemos no solo un crecimiento y sabiduría. Obtenemos vida.

Sin embargo Dios suele usar otras herramientas a nuestro alrededor.  Por esto me apasiona ir a las librerías y echar mano de todo cuanto me pueda ayudar a crecer, en el ministerio y como persona. Siempre estoy buscando un nuevo título, una nueva perspectiva, una visión mejorada de algún tema de mi agrado.

Hace unos días llegó a mi correo la publicidad de un nuevo libro sobre sexualidad y estrategias para enseñar a los jóvenes sobre el tema que llamó mi atención de forma particular, no solo por el libro sino por el comentario de uno de los participantes en el foro.  Esta persona decía que la Biblia era suficiente herramienta para enseñar acerca de la sexualidad y que vender eso era solamente un plan de mercaderes de la fe.

¿Puede ser posible?

¿Será cierto que gran parte de la iglesia todavía piensa de forma tan cerrada?

¿Dios quiere edificar a su pueblo y su pueblo no quiere recibirlo?

Creo que no.  La mayor parte del pueblo puede reconocer que éstos, son solamente medios que nos ayudan a entender mejor el uso de las escrituras con una perspectiva que antes no hemos visto. A masticar una parte del alimento que de otra manera habría pasado por la garganta sin ser digerida. De todas maneras recordé el tiempo en que se arrojaban los televisores a la basura porque alguien dijo que eran cosa del diablo.

Pero la alarma se encendió fuertemente en mi cabeza con lo que pasó ayer.  Tenía una cita con una persona y estuve esperando alrededor de una hora. No podía dejar pasar esta cita así que tuve que hacerlo. Esperé por una hora. Tiempo que quería tener un buen libro en mis manos y no lo tenía. Tiempo que pude haber aprovechado, pero ahora lo había perdido. Tiempo muerto.

Así fue que llegó esta idea a mi cabeza.  Así como el joven que al parecer no leía libros porque eran cosa de los mercaderes de la fe, así mismo yo había perdido “otra vez” el buen hábito de la lectura. Son otras mis razones pero termino haciendo lo mismo.  Y quizás Dios sigue esperando para hablarme de forma más profunda por medio de las páginas de muchos autores que han entendido y experimentado a Dios de una manera en la que yo no.

¿Acaso no soy igual que ese joven?

Podría consolarme diciendo que eso no pasa siempre, que normalmente si leo mucho y sigo creciendo. Pero debo ser sincero.  A veces me detengo.  Por lidiar con las cosas cotidianas del ministerio. Por dedicar mucho tiempo a los urgente y no planificar bien lo importante. A veces si llego a ser como ese joven.

Recordé los libros que había recibido y empecé con uno “otra vez”.

Mi consejo para ti, luego de leer este artículo es: NUNCA DEJES DE CRECER. No pierdas las oportunidades a tu alrededor. No pierdas más el tiempo. Dios nos diseñó de forma que podamos crecer para luego enseñar a otros a crecer. Ese es tu reto hoy.  CRECER.

David Noboa C.

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